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¿Por qué tu casa puede ser bonita y no hacerte sentir bien?

Descubre por qué una casa necesita mucho más que una decoración bonita y cómo el interiorismo multisensorial puede ayudarte a crear un hogar que responda a tu forma de vivir y sentir.

01. La sensación de que algo falta

Llegas a casa después de un día intenso. Dejas las llaves sobre la mesa, te quitas los zapatos y, por fin … te sientas en el sofá. Llevas toda la tarde deseando que llegue ese momento, en poder descansar y dejar atrás las preocupaciones del día.

Pero pasan los minutos y no consigues desconectar.

Cambias de postura, miras el móvil y vuelves a dejarlo. La televisión está encendida, aunque apenas prestas atención a lo que ocurre en la pantalla. Te acomodas entre los cojines, buscando esa sensación de descanso que parece no consigues.

Miras a tu alrededor. Tu salón es bonito, los muebles están perfectamente elegidos y la decoración es justo la que querías. Recuerdas cuánto te gustó cuando terminaste de decorarlo y la ilusión que tenías por empezar a disfrutarlo.

Sin embargo, ahora que estás allí, hay algo que no termina de encajar.

No sabes si es la luz, el ambiente o simplemente que has tenido un día complicado. Lo cierto es que estás en tu casa, en el lugar donde esperabas poder bajar el ritmo, pero no consigues sentir esa calma que tanto necesitas.

Y te acostumbras. Piensas que es normal, que todos llegamos cansados a casa y que mañana será otro día.

Pero ¿y si parte de esa sensación tuviera que ver con el espacio que te rodea?

¿Te has planteado alguna vez que tu casa puede ser bonita y, sin embargo, no estar diseñada para responder a lo que realmente necesitas?

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02. Una casa no se vive únicamente con la vista

Estamos acostumbrados a elegir la decoración de nuestras casas principalmente por lo que vemos. Nos enamoramos de un sofá, de un color o de una fotografía que encontramos en una revista o publicación. Guardamos imágenes de casas que nos encantan e imaginamos cómo quedarían esos mismos ambientes en nuestro hogar.

Pero pocas veces nos detenemos a pensar en cómo nos sentiremos cuando vivamos rodeados de todo ello.

Una casa no se vive únicamente con la mirada. Se experimenta con todo el cuerpo.

Cuando caminas descalza por el dormitorio, el contacto con el suelo forma parte de tu experiencia. Cuando te acomodas en el sofá, tu piel reconoce la textura del tejido. Mientras intentas descansar, percibes los sonidos que llegan del exterior, la temperatura del ambiente y ese aroma familiar que te recibe al volver a casa.

Todo está ocurriendo al mismo tiempo, aunque no siempre seas consciente de ello.

Nuestro entorno influye en cómo percibimos los espacios y en la sensación de confort que experimentamos al habitarlos. Por eso, una vivienda puede resultar visualmente atractiva y, sin embargo, presentar características que no responden a nuestras preferencias o necesidades sensoriales.

El diseño de una casa no debería terminar en lo que nuestros ojos perciben. También debería tener en cuenta todo aquello que nuestro cuerpo experimenta al habitarla.

03. Lo que te hace sentir bien puede ser diferente de lo que necesita otra persona

Imagínate que entras en un dormitorio donde la luz es tenue, los tejidos son suaves y el ambiente invita a recogerse. Te acomodas sobre la cama, notas el tacto agradable de las sábanas y sientes que ese es exactamente el lugar donde te gustaría terminar el día.

Sin embargo, otra persona podría entrar en ese mismo dormitorio y experimentar una sensación completamente diferente. Quizá necesite más luminosidad, prefiera tejidos frescos o encuentre incómoda una atmósfera tan recogida.

El espacio es el mismo, pero la manera de percibirlo cambia. Cada persona es única.

No todos tenemos las mismas preferencias sensoriales. Nuestra sensibilidad a los estímulos, nuestros hábitos y nuestras experiencias personales influyen en cómo percibimos los ambientes que nos rodean.

Lo que para ti resulta reconfortante puede ser indiferente para otra persona. Incluso aquello que hoy te hace sentir bien puede no ser lo que necesitas en otro momento de tu vida.

Por eso, cuando diseñamos una vivienda, no basta con conocer los colores favoritos de una persona o el estilo decorativo que más le gusta.

Necesitamos comprender cómo vive y qué condiciones le resultan agradables en los diferentes momentos de su día a día.

Porque no existen dos personas iguales, tampoco debería existir una única manera de diseñar el bienestar de una casa.

04. La memoria también habita nuestra casa

Sales a la terraza una tarde de verano y te sientas un momento, casi por inercia, con la mirada perdida.

La luz del sol atraviesa las hojas de las plantas y dibuja pequeñas sombras sobre el suelo. Una brisa suave mueve las cortinas y, por un instante, el ruido de tus pensamientos parece apagarse.

Miras a tu alrededor y sonríes.

Hay algo en aquel lugar que te resulta familiar, aunque no sabes muy bien por qué.

De pronto, recuerdas las tardes de verano en casa de tu abuela. Aquella terraza donde pasabas horas jugando mientras ella preparaba la merienda. El calor de las baldosas bajo tus pies, el olor de las plantas recién regadas y las largas sobremesas que parecían no terminar nunca.

No necesitas que aquella terraza sea igual a la de tu infancia para volver a sentir algo parecido.

Hay ciertos detalles que te llevan hasta ese recuerdo y despiertan una sensación que creías olvidada. Una mezcla de tranquilidad, familiaridad y esa seguridad que sentías cuando eras pequeña.

Durante unos instantes, vuelves a estar allí.

Nuestra memoria está vinculada a las experiencias sensoriales que hemos vivido. Un olor, una imagen o un sonido pueden evocar recuerdos personales y las emociones asociadas a ellos.

Y esa relación también puede formar parte del diseño de nuestro hogar.

A veces, aquello que nos resulta más reconfortante no tiene que ver con una tendencia decorativa, sino con algo que hemos vivido y que permanece en nuestra memoria.

No se trata de reproducir una casa del pasado, sino de comprender qué sensaciones despiertan determinados recuerdos y qué significado tienen para nosotros.

Porque un hogar también puede construirse a partir de aquello que nos hace sentir que estamos en nuestro lugar.

05. ¿Y si empezáramos a diseñar las casas desde las personas?

Soy Ana Garó, Ingeniera Técnica en Diseño Industrial, especializada en diseño de mobiliario e interiorista.

Durante más de veinte años trabajé como ingeniera, desarrollando una forma de pensar basada en el análisis, la precisión y la búsqueda de soluciones. Una trayectoria que hoy forma parte de mi manera de entender el diseño de interiores.

Cuando empecé a trabajar como interiorista, fui reconociendo algo que me hizo replantearme mi profesión: muchos proyectos estaban perfectamente resueltos desde el punto de vista estético, pero no siempre respondían a las necesidades de las personas que iban a habitarlos.

Eran espacios pensados para ser vistos, pero no necesariamente para ser vividos.

Comprendí que no bastaba con crear una vivienda bonita y funcional. Había que ir más allá y estudiar cómo percibimos nuestro entorno, cómo interactuamos con él y qué necesitamos para sentirnos a gusto en nuestra propia casa.

Aquella reflexión me llevó a profundizar en el diseño sensorial y en los principios de la neuroarquitectura, buscando integrar esos conocimientos con mi formación técnica y creativa.

Así nació Mi Método de interiorismo multisensorial, una forma de abordar el diseño que comienza mucho antes de elegir los materiales, el mobiliario o la estética de una vivienda.

El punto de partida es comprender a la persona que va a habitarla, identificar sus necesidades reales y conocer cómo percibe y experimenta su entorno.

A partir de esa comprensión, desarrollamos el proyecto desde una visión integral, estudiando cómo pueden relacionarse los diferentes estímulos sensoriales para crear un conjunto coherente y adaptado a cada persona.

Mi experiencia como ingeniera e interiorista, me permite aportar una visión técnica a este proceso, analizando cada decisión desde su funcionalidad y su integración en el conjunto, sin renunciar a la creatividad ni a la dimensión sensorial del diseño.

Un dormitorio donde la estética dio paso a una nueva forma de entender el espacio

Recuerdo un proyecto de reforma integral de una vivienda en el que los clientes tenían muy claro cómo querían que fuera su casa: todo muy blanco.

Era la estética que les gustaba, la que encontraban en revistas y publicaciones de interiorismo y con la que imaginaban su futuro hogar.

Estando con el diseño del dormitorio principal, me planteé una cuestión: ¿era realmente necesario que todo fuera blanco para conseguir la luminosidad que buscaban?

El dormitorio es ese lugar al que llegamos cuando termina el día. Donde dejamos atrás la actividad, nos preparamos para descansar y buscamos encontrar cierta tranquilidad antes de dormir.

Quería que aquella habitación mantuviera la luminosidad que tanto les gustaba, pero sin convertirse en un espacio frío o excesivamente uniforme.

Por eso diseñé un cabecero en tonalidades claras, sin recurrir exclusivamente al blanco. Incorporé madera natural y un papel de pared que simula un tejido, creando un conjunto de superficies con diferentes texturas que aportaban profundidad y una sensación visual más cálida.

La iluminación de las mesitas también formó parte de esa intención. Una luz tenue, independiente de la iluminación general, permitía crear un ambiente más recogido para esos últimos momentos del día.

Buscaba que, al entrar en el dormitorio, el conjunto transmitiera tranquilidad y ofreciera unas condiciones ambientales más adecuadas para relajarse y prepararse para el descanso.

Cuando los clientes vieron la habitación terminada, les sorprendió descubrir que, sin ser completamente blanca, seguía siendo luminosa y que la combinación de tonalidades y materiales había conseguido un ambiente cálido y tranquilo a la vez.

Y ahí está precisamente una de las cuestiones que más me interesan del diseño de interiores.

No se trataba de renunciar a sus gustos, sino de comprender qué buscaban realmente detrás de aquella preferencia estética y ofrecerles una solución que respondiera también a la manera en la que iban a vivir ese espacio.

Porque una casa no tiene que reproducir una imagen que nos gusta. Tiene que responder a lo que necesitamos sentir cuando estamos en ella.

Mi propósito es precisamente ese: ayudarte a descubrir y crear la casa que necesitas para vivir, sin renunciar a tu personalidad ni a la belleza del diseño.

LA CLAVE:

06. ¿Y si tu casa pudiera hacerte sentir de otra manera?

Quizá nunca te hayas detenido a pensar en cómo influye tu casa en esos pequeños momentos que forman parte de tu vida.

En cómo te sientes cuando llegas a casa después de un día complicado, cuando te preparas para descansar o cuando disfrutas de una mañana tranquila sin nada que hacer.

Tal vez tu vivienda tenga todo lo que necesitas a simple vista, pero todavía no te hayas planteado qué se podría cambiar para que te sintieras verdaderamente a gusto en ella.

No es necesario cambiar de casa. Lo que necesitamos es comprender qué nos hace sentir bien y cómo podemos incorporar esas sensaciones al lugar donde vivimos.

Porque tu casa no debería ser únicamente el lugar donde transcurre tu vida, sino también ese refugio al que deseas volver y donde puedes sentirte tú misma.

Soy Ana Garó y estaré encantada de acompañarte en el camino de descubrir cómo debería ser tu hogar.

Tu casa no solo se ve, se siente. Y eso lo cambia todo.

Descubre cómo podemos diseñar un hogar que responda a tu forma de vivir y sentir.